Pierre-Antony Allard

    Tal como existe una nariz de Guerlain y una boca de Veyrat, también hay un ojo de Harcourt.Se trata de un ojo concentrado pero voluble, divertido a la vez que inflexible. No es sólo un ojo, es toda una manera de ver y este ojo pertenece a un hombre que lo ve todo: Pierre Anthony Allard. Sólo tenía cuatro años, sus rizos cuidadosamente aplastados, cuando su madre le llevó a Harcourt para que le hicieran un retrato.Veinte años después regresó, esta vez como ayudante de laboratorio, para aprender a ser un fotógrafo. Sus conocimientos científicos y una temporada como paracaidista, que estuvo a punto de costarle la vida, no le distrajeron de su primer amor: el cine. ¿Y qué es el cine? Un decorado, una iluminación y la capacidad de expresar la esencia de un personaje, las mismas cualidades que, probablemente no por casualidad,  había adquirido en la personalidad única de los estudios Harcourt.Pierre Anthony Allard se sentía en casa entre los focos de Cremer y los rollos de película por lo que se quedó, de hecho dedicó su vida a Harcourt, con bastante talento, ya que se necesitaba fe para pilotar el viejo barco que parecía destinado al desguace. Los propietarios fueron y vinieron; Allard permaneció, siempre con el mismo lema en sus labios: es necesario reinventar el estilo Harcourt, cambiar de dirección y avanzar a toda velocidad.Era toda una revolución, pero una revolución inteligente que no renegaba del valor de su legado. Allard sigue trabajando duro y con talento, para estar a la altura de la reputación de la firma. Verle detrás del objetivo de la cámara es como ver a un animal amaestrado disfrazado de domador, que no blande el látigo, pero que se agita y salta, exclama, ruge y disfruta mientras se esfuerza en lograr su único objetivo: llevar al modelo a su "cine".*Pero ya no le basta sólo tomar retratos de estudio, lo que siempre ha deseado es crear los colores de la vida. De ahí proviene su sorprendente serie de dípticos: un retrato de estudio en blanco y negro junto a otro del mismo modelo pero tomada en un escenario de la vida real y en color. Charpak inmortalizado en tonos de gris y, a continuación, brillando entre las psicodélicas buretas de su laboratorio, o Troyat intimidado por las candilejas y luego súbitamente majestuoso bajo el retrato de Tolstoi en su hogar.Su objetivo es ahora transportar su equipo y sus acompañantes, poder desplazarse hasta sus modelos como un embajador que presenta sus credenciales en vez de ellos tengan que acudir a él. Este estudio móvil que el que sueña en colocar a lo largo de las pistas de carreras y las alfombras rojas está convirtiéndose poco a poco en una realidad desde que Anne-Marie de Montcalm le compró providencialmente el estudio. Se ha desarrollado una provechosa complicidad entre la presidenta y su ojo, fortalecida por su ambición de difundir y aumentar el prestigio de esta legendaria firma.

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